Thursday, June 21, 2012

Combatiendo el rechazo: mis 10 reglas


Suelo preocuparme demasiado, pero ese, fundamentalmente, es el rol de una madre. Y cuando se es madre de un hijo con alguna necesidad especial, la preocupación a que te lo rechacen, es algo cotidiano. Vive con una. Es esa punzada en el corazón que te lo desgarra, te lo abre en dos en el momento en que ves que maltratan a tu hijo porque lo ignoran y lo desprecian, o se burlan. Es algo inevitable porque siempre sucede, pero el dolor se combate con la mente y con el corazón. Y con astucia y encanto.

El corazón y el encanto lo pone mi hija, yo trato de poner la mente, y algo de astucia. Yo me molesto, me da coraje o lloro cuando la rechazan o la ignoran, algo que sucede a menudo. Ella suele aislarse. Se va al cuarto, prende el televisor y empieza a bailar. O se mira frente al espejo, reafirmándose a ella misma su belleza única y comienza a practicar peinados. O llega al piano y lo toca. A los cinco minutos ya se está riendo, como queriéndome decir: “Mamá, pasa la página, por favor”. Yo lo intento.

No es cosa fácil. Es que el rechazo hacia los niños con impedimentos o con necesidades especiales es algo bastante común en una sociedad donde no se fomenta la inclusión. Aunque las leyes dicen que no se puede discriminar, o que todos somos iguales, no es así. Por eso es que hay que combatirlo.


A algunos niños los rechazan porque no pueden caminar, o porque usan aparatos ortopédicos, o no ven,  no escuchan o no se mueven. A otros porque tienen físicos grotescos o distintos, porque hacen ruidos, porque gritan y vuelven locos a los vecinos, o porque no se están quietos. Otros porque babean o tienen tubos conectados a sus tráqueas, o espejuelos gruesos. En mi caso, he visto el rechazo a mi hija de muchas maneras. Primero, cuando usaba un aparato ortopédico llamado mafo, y físicamente se notaba a leguas su condición. Ahora, por sus dificultades en el habla.

El rechazo se disfraza de muchas formas. A veces con comportamientos ofensivos, como cuando se ridiculiza a un niño por su impedimento. Otras veces, cuando se niega su presencia o valor, sencillamente descartándolo, aislándolo del resto. Y muchas otras, cuando se proyecta una indiferencia porque se invisibiliza. Es como si no existiera esa persona. Todas esas formas también son manifestaciones de maltrato emocional.

Así que como madre – o padre – uno tiene que prepararse para este combate que es de toda la vida. En ese sentido, siempre es bueno recordar algunas estrategias para luchar contra el rechazo. Al menos, son las que me han funcionado hasta ahora:

1.     Piense a largo plazo  - Nunca pierda de perspectiva que su hijo tendrá su propia vida, así que propóngase enseñarle a que hay cosas pasajeras y lo importante en la vida es amar y ser feliz.

2.     Enséñele a aprender de la situación – Siempre hay una lección que aprender. Ya sea que su hijo no debe confiar en esa persona que lo rechazó, o que debe tener más tolerancia con quien lo rechazó. Siempre se puede buscar una enseñanza de la situación.

3.     Sea honesto - Háblele claro a su hijo, de acuerdo a su edad, para que comprenda su realidad y sepa cómo lidiar con la cotidianidad. Enséñele que al maltrato se responde con respeto y civismo.

4.     Use su propias experiencias – Quizás le ayude contarle a su hijo alguna historia de su vida y cómo usted logró superar la situación.

5.     Ayúdelo a procesar la situación - Enfóquese en ayudar a que su hijo mismo encuentre la forma para lidiar con el rechazo. A veces uno no puede hacerlo todo por los hijos. Es mejor ayudarlos a que procesen la emoción, se organicen mentalmente, y puedan encontrar formas para sentirse mejor.

6.     Proteja su autoestima – Esta es la base para la salud emocional de todo niño, especialmente si se trata de un niño con alguna condición especial. No permita que lo vejen, pero tampoco críe a un engreído. Ayúdelo a que comprenda que uno tiene que respetar al otro, y que todas las personas son especiales porque son únicas e irrepetibles.

7.     No se aísle – Si en un grupo lo rechazan y no puede educarlos a que aprendan sobre equidad y valores, busque otras alternativas. Búsquese otro grupo de amigos que sustituya al que lo rechazó. Los niños con impedimentos saben lo que es la soledad y el abandono, pero es su obligación como madre o padre, el combatirlo.

8.     Trate a los otros como quiere que lo traten – Su hijo aprende del ejemplo. Si usted maltrata o se burla de otros, o tolera que se burlen de usted, su hijo aprenderá a hacer lo mismo.

9.     Ame, pero sin pena – Su objetivo como padre es lograr que su hijo sea una persona independiente, pero muchas veces los mismos padres no lo permitimos porque los queremos con pena. No. Déjelo libre para que tenga sus propias experiencias. No lo sobreproteja, aunque es algo casi imposible. Amelo, pero déjelo ser independiente.

10. Gócese la vida – Si todo es una tragedia o un coraje, su hijo aprenderá eso de usted. Si lo humillan o lo rechazan, usted y su hijo deben lidiar con la situación pero que eso no los agobie. Váyase a un parque, al cine. Juegue con sus mascotas, o póngase a bailar como hacemos mi hija y yo cada vez que sucede algo de rechazo. La vida es corta, y hay que gozársela. Hay que aprender a pasar la página.

Además de esas 10 reglas que suelo revisar cada vez que combatimos el rechazo cotidiano, trato de exponer a mi hija a todo tipo de persona porque quiero que sea una mujer completa cuando crezca. Por eso compartimos todo el tiempo con amigos a quienes amamos y con personas de todas razas y colores de piel posibles, de distintas nacionalidades y orientación sexual. Y claro, tiene muchos amigos con distintas condiciones e impedimentos.  Quiero que crezca viviendo la inclusión y el respeto por los demás, porque el rechazo, se combate con amor.

1 comment:

  1. Tienes toda la razón. Yo, que tengo a Mi Princesa con Autismo Atípico, se lo que se siente. Debemos apoyarlos y hacerlos lo más independientes posible, para que en un futuro, no tengan que pasar necesidades y puedan sobreponerse de las situaciones, por ellos mismos. Sabiendo que siempre estaremos para escucharlos, ayudarlos y dando todo por ellos.

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