Hoy Mariela cumple 22 años. Es mucho tiempo de muchos sustos, retos, dificultades y enfermedades, pero también muchísimas más alegrías y esas carcajadas suyas, porque la vida junto a mi hija siempre ha sido ese sube y baja constante que se matiza siempre con sus ocurrencias y su risas.
De pronto hoy veo de nuevo en Facebook este vídeo de un niño italiano que en medio de una misa subió al altar y se metió por el medio a hablar con el Papa Francisco. El papa lo recibió y lo abrazó, y vinieron a mi mente muchos recuerdos Mariela.
Cuando Mariela cumplió 15 años le hice tres cumpleaños, pero el quinceañero más grande fue llevarla a Europa con sus abuelos, y fuimos a varios países incluyendo por supuesto Italia y a El Vaticano. Ese era el sueño de mi hija, porque Mariela quería practicar su italiano, cosa que hizo hasta que nos volvió locos.
Lo que no contábamos era que en momentos el trajín del viaje fue fuerte para ella, y ella se descompensó muchas veces y estuvo convulsando mucho por el cansancio, pero creo que más que nada por la emoción. Uno de los peores días fue cuando nos tocó ir al Vaticano, que fue terrible. Cuando llegó a la Basílica de San Pedro, y en todo el camino por esa plaza, ella iba agitada de la emoción. “Mamá, vamos a ver al Papa”, me decía una y otra vez. Pero yo le decía “hija, no. No tenemos audiencia con él. Hay mucha gente y eso no va a pasar”.
Quizás fue el largo trayecto, el calor, las enormes multitudes de personas entrando, vera los abuelos emocionados, el usar los audífonos y lo que decía el guía de cada parte de la iglesia que ella conocía porque las había vistos antes por televisión, y todo eso junto, la afectó. En un momento el calor fue horrible y ella empezó a convulsar en plena iglesia.
Poco a poco pude sacarla de la iglesia para que cogiera aire, y nos sentamos en las escaleras en lo que le pasaba el “seizure”, pero vinieron rápido unos policías italianos guapísimos – porque eran bellos – y llegaron sonando unos pitos y a sacarnos. En ese momento me pasó lo que jamás pensé en la vida, que extrañaría los Estados Unidos porque si eso hubiera sido en Disney, rápido venia una ambulancia. En Italia no. Nos teníamos que mover o nos arrestaban a la nena y a mí.
La cuestión es que Mariela rápido empieza con una de las suyas. En medio de la convulsión ella empieza con que “Mamá, tú conoces a mucha gente. Dile al Papa Francisco que hable con Papa Dios y que me quite esto”, “Mamá, pídele al Papa Francisco que hable con Jesús y me voy a poner bien, ya verás”, “Mamá , si el Papa Francisco le dice a los ángeles ellos me ayudan”, me decía. Yo empecé a reírme a carcajadas y a llorar a la misma vez. Sí, fue como una locura.
Y me dijo “Mamá, los ángeles de ellos están aquí y están cerca. Si el Papa Francisco se lo dice ellos se los van a decir a Dios y me quitan estos ataques”, me dijo. Y yo iba agarrándola por el brazo, y en mi mente rezando y pidiéndole a Dios que me la ayudara, que le quitara esa epilepsia. Le pedía a Dios que hiciera un milagro con ella, y que, si se curaba, se lo diría al mundo entero. Eso no pasó. Quizás la fe de ella y la mía no fue lo suficiente.
La cuestión es que yo no sé cómo lo hicimos, pero nos fuimos caminando por uno de los lados, el derecho, y ya fuera de esa plaza del Vaticano, nos paramos en un baño y luego en una cafetería. Allí se tomó algo y como no hacía ese calor tan horrible, empezó a sentirse un poco mejor. Ese día durmió y al día siguiente no fui al viaje a Pompeya para quedarme con ella velándole su descanso.
Al poco tiempo de regresar a Puerto Rico, a Mariela la hospitalizaron y la operaron. Le pusieron un estimulador del nervio vago, y eso la ha controlado bastante la epilepsia. No del todo, porque todavía le dan sus ataques, y bien fuertes que le dan, a veces muchos, pero no como antes.
Entonces hoy veo el vídeo de ese nene con el Papa Francisco. El niño se llama Paolo Bonavita y su encuentro espontáneo con el Papa Francisco fue en 2021. Esto conmueve porque es obvio ver que el niño tiene diversidad funcional, pero al ver este vídeo se explica que tiene autismo y epilepsia. Su salud había empeorando tanto que pensaban que tenía un tumor cerebral. Dice la prensa italiana que el niño ha mejorado en su salud desde entonces, y hay quien dice que es como un milagro. Pensé al ver el vídeo en mi sobrino-nieto Zakiel, quien tiene autismo, y en Mariela, que, entre otras cosas, tiene epilepsia.
Cuando veo cosas así no puedo evitar el llanto. De esos llantos que le dan a
una cuando el sentimiento es hondo en el corazón, porque ví que el niño había
tenido una mejoría desde su encuentro papal. Pensé al verlo en todo esto y creo
después de secarme las lágrimas, comienzo el día agradecida, porque la vida en
sí es un milagro.
Hoy, que mi hija cumple 22 años la veo tan grande y superando cosas que lo que nenes “normales”, no logran hacer nunca en su vida. Ella aprendió y toca el piano, el violonchelo y la trompeta, aunque dice que está de “break” y no quiere practicar. Baila mucho, especialmente la salsa, desde hace años, y hace poco terminó un curso con Rafa Cancel en Salsa en Clave. Ya mañana inicia su cuarto año de bachillerato en arte, y los primeros tres ha sido del cuadro de honor. Entonces, pienso, que Dios nunca me la ha dejado sola. Le envía sus ángeles a que la cuiden.
Y como le dijo el Papa Francisco al niño Paolo Bonavita, se lo dijo a Mariela y me lo digo a mi también “Para Dios, nada es imposible”.
SRC
No comments:
Post a Comment