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Saturday, January 11, 2014

“Me duele el brazo”: cuando un hijo tiene dolor

-“Mamá me duele el brazo. Me duele, me duele”, así, y con lágrimas en sus ojos, a gritos, se levantó mi nena esta mañana, mientras caminaba, frotándose el brazo.

Corrí a su lado, le puse crema, le dí el masaje que suelo hacerle en las mañanas cuando se levanta así desde bebé, y le dije que se le pasaría el dolor. Media hora más tarde, todavía decía que le dolía.

-“Es que me duele mamá”, decía ella, al rato. Luego le unté una de esas cremas que le compro a  un artesano, que apesta a eucalipto o a mentol, y que penetra la piel para calentar esos músculos fríos.

Casi siempre es así cuando ella se levanta en las mañanas, luego de una semana de mucha actividad. O si el día antes tuvo que hacer algún esfuerzo fuera de lo normal le duele el brazo, o la mano, o la pierna. Y yo corro con la cremita, el Ben Gay, Icy Hot o el mentol, y la sobo y sobo y sobo hasta que se le pasa. Muchas veces es cuestión de calentarle el músculo para que pueda hacer cosas sencillas como levantarse de la cama, lavarse la boca o peinarse en las mañanas. Otras, como hoy, sigue entumecida por varias horas.

Monday, October 21, 2013

No te quejes


No te quejes”. Esa es mi frase favorita. Siempre he sabido de su existencia pero desde hace 11 años la he ido convirtiendo,  poco a poco, en mi mantra.

“Ay que si estoy sin trabajo”. “Ay que todo está tan caro”. “Mi marido me abandonó”. “Mi mujer pelea mucho”. “Mis hijos me tienen loca”. “Las deudas me abruman”. “Me duelen los huesos”. “Tengo alta presión”. “Estoy enfermo”.  “Estoy harto de mi trabajo”. “Tengo demasiado estrés”. “Estoy cansado”. “Que si los chavos no me dan”. “Que me chocaron el carro y no sé quién fue”. “Que perdí a un ser querido”. “Que estoy gordo/flaco/viejo/calvo/soltera/divorciada/casada… etc…”  En fin, son miles las quejas que una escucha a diario donde quiera que me meta. ¡Parecería que en Puerto Rico vivimos en el país de las quejas!

Nos quejamos de la economía, del gobierno, de las tiendas, de todo. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a mirar a nuestro alrededor que siempre hay alguien en peor condición que uno.

No, no se trata de ser conformista o mártir. Se trata simplemente de coger aire y darse cuenta de que por más que uno se queje, siempre una tiene cerca a alguien que las está pasando peor. Tanto he aprendido a no quejarme que cuando escucho quejas continuas de alguien, simplemente me callo o me voy del lugar porque no las tolero en mi sistema. En realidad me hacen daño.

Yo he ido aprendiendo a dejar de quejarme sin razón, gracias a mi hija y a su entorno. Lo he ido aprendiendo desde que nació.

Monday, September 23, 2013

El dulce sabor de la perseverancia


-        “Paola, ¿tú sabes qué? Yo tengo dos Barbies, una que se parece a mí y otra que se parece a ti”, le dice Mariela al teléfono mientras camina por la sala, brazo cruzado sosteniendo al otro que lleva el celular. Gesto como de chica grande. Parece una modelo. Me recordó a una foto que ví de una de esas celebrities de revistas.

Y parece que la Paola le pregunta algo sobre las muñecas o de cuándo se van a encontrar para jugar.

-        “Sí, Paola. Son dos chicas, como nosotras. Tienen tacos y pelo largo y son coquetas. Una es princesa y la otra es estrella de rock que se parece como Katy Perry”.

Me pregunto qué le estará diciendo la Paola porque de pronto cambian el tema y hablan de bailar y de hacerse unas pulseras.

-        “Sí, tengo muchas pulseras” y “¿Tu tienes doce años, verdad Paola? Yo tengo once”, y “tengo una película nueva de Barbie”;…. “¿por qué no vienes a mi casa?;  “me gusta la ropa y los guantes… y el maquillaje”; … “Ok, Paola, te voy a enseñar el baile que me gusta”….

-        “Paola gracias, yo también te quiero a ti mucho. Gracias por ser mi amiga. Yo te quiero”, le dice ella, respondiendo a algo que le dijo su amiga.

Entre pregunta y pregunta se ríe, a carcajadas, y yo acá, aguantando para que no me vea bajar las lágrimitas de emoción.

Wednesday, September 12, 2012

Sin ella


No sé si esto es normal o es simplemente una manifestación de dependencia o codependencia, o ambas cosas, pero lo cierto es que extraño a mi hija.

Llevo sólo tres días separada de la nena y ya no aguanto más. Estoy deseosa de verla, de abrazarla y besarla. No puedo esperar a que me haga sus cuentos, a que me salga con sus ocurrencias, a verla bailar y berrear con esa sonrisa cada vez que siente que es María Callas, o mejor dicho, Katy Perry. Y por qué no, hasta espero que me tire alguno de sus gritos cuando le sale lo de voluntariosa, mostrándome como si fuera un espejo de que lo que hacía en esa edad con mi madre. Y aunque he hablado todos los días con ella y he recibido sus mensajes de texto y ella los míos, no es lo mismo.

Simple y llanamente extraño a mi hija.

Saturday, September 1, 2012

Portándose bien junto a los blogueros


Mi hija está creciendo, y rápido. Cumplió 10 años este mes, y aunque aún le dan los momentos de frustración que vuelven loca a cualquiera retando los vestigios de una paciencia que el destino me ha obligado a encontrar, tengo que admitir que está cambiando. Ya no hay tantrums ni gritos cuando no puede comunicarse o darse a entender, al menos, no los tiene en público.

La veo casi preadolescente, pero bien inocente, actuando muchas veces como si tuviera menos edad. Juega lo mismo con su peluche de Build-a-Bear o con las muñecas de Monster High que con su Nintendo DS, sus juegos en el celular, en su tablet o en su laptop. Y hoy fue uno de esos días en los que me hizo sentir súper bien porque se portó como siempre es ella: una niña única y especial.

Durante el cuarto encuentro de blogueros PRBloggerCon, que organiza mi encantador amigo José Hernández Falcón, mi hija se portó excelente. Creo que el ver a tanto adulto con sus celulares, tabletas y computadoras la hizo sentirse grande y tecnológica como son estos nenes de hoy día que parece que nacieron con un chip que los hace entender estas máquinas mejor que nosotros.

Aunque Saddam (como le llamamos a José los que venimos del mundo periodístico) me había invitado a estos eventos de PRBloggerCon desde hace cuatro años, e incluso antes, cuando comenzó unas reuniones más pequeñas, yo nunca había asistido. No era porque no quería, nunca pude hacerlo.


Wednesday, August 8, 2012

Back to school


Esto pasó esta mañana de camino a la escuela:
              -“Mamá, tengo el corazón que me late con coraje”, me dice ella.
- “¿Con coraje?  ¿Y por qué con coraje?”, le pregunté yo por respuesta.
- “Porque no quiero ir a la escuela. Quiero seguir durmiendo Mamá. Yo soy muy vieja para ir a la escuela. Allí van niñitos”, me respondió.
Yo quería reírme a carcajadas porque es una de sus típicas ocurrencias, pero me mordí la lengua para que no se molestara. “¿Tú no quieres ira a la escuela? ¿De verdad? No te entiendo porque siempre me dices que te gusta ir a la escuela y que vas a ver a tus amigos. Y a la escuela van niños de todas las edades. Tu todavía eres una niña, no una vieja ¿Por qué no quieres ir?”.
-“Es que ya mismo yo cumplo 10 años Mamá”, me dice.
-“Eso no es excusa. Tienes que ir y te va a gustar”, le dije.
-“Ok Mamá, pero yo quería seguir durmiendo”, me dijo.
El desánimo fue momentáneo porque al minuto y medio de decir esa oración nos estábamos estacionando frente a su Centro Educativo Subiry y ella divisó a su amiga Yiviangely. Se le olvidó todo y empezó a gritar de alegría. “Mamá mira mis amigos, y a mis maestras. Quiero ver a maestra Alicia. Ojalá que sea mi maestra de grupo quinto”, me dijo, y bajó corriendo a abrazar a sus compañeros de clase. Se le olvidó el cansancio, la viejera y el sueño. Atrás quedaron las quejas. Se olvidó de mí.
Es que hoy, como vivieron miles de niños en las escuelas públicas y muchas de las privadas del país, fue el primer día de clases.

Friday, May 11, 2012

Mi regalo en el día de las madres: amigas entrañables



El regalo más inesperado lo recibí ayer de parte de mi amiga, la periodista Carmen Millán-Pabón. Me emocionó, me hizo llorar, y sinceramente, me dejó sin palabras. Confieso que lloré tanto y tanto, que mi cara se puso como la de "elephant man": ojos rojos como tomates, párpados hinchados y, nariz enorme tipo Ruth Fernández (donde cabe sala-comedor y cocina).

Una nunca espera regalos, y menos de este tipo. De hecho, soy de las que nunca espero nada y no recibo este tipo de cosas, por eso mi sorpresa al saber que el amor y la amistad de tantos años sigue ahí. Y que, aún en la distancia, hay gente que ve el esfuerzo y reconoce que todos los padres y madres de niños con alguna condición a veces nos las vemos negras, pero que sabemos encontrar la magia y la alegría a través de cada sonrisa, de cada gesto, de cada aliento de nuestros hijos.

Carmencita Millán es parte de mis amigas periodistas, del grupo que ella misma bautizó como las "Yo-yo" por su lema de "mantener el yo-yo arriba", frase optimista con la que todas decimos que al mal tiempo, buena cara. En este grupo de mujeres sabias, bellas y luchadoras que se formó hace años por la amistad que nos une y el amor a Carmencita, pertenecen también Gloria Ruiz Kuilan, Maricelis Rivera, Sarah Del Valle, Marga Parés, Femmy Irizarry y otras dos grandes, que aunque no son reporteras, se pasean entre ellas: Amarilis Figueroa, Maray Bonilla Martínez. Todas estas amigas me han visto en mi proceso con Mariela y con todas hemos llorado y reído con cada peripecia de nuestros hijos.

Me he dado cuenta, al ver este hermoso regalo de Carmencita, que soy bendecida de tener tantas amistades buenas y sinceras, que han estado conmigo paso a paso, y que no me abandonan. De la universidad, de mi profesión como periodista, ahora del campo de las relaciones públicas, y de tantos padres y madres con niños especiales como yo.


Tuesday, May 8, 2012

Existencialismo mañanero

Son tan sólo las 6:03 de la mañana. Lo sé porque lo leí en la esquina inferior derecha en la pantalla del televisor, sintonizado en el noticiero del Canal 4. Entre las noticias usuales de los tapones en la carretera, el informe del tiempo, el político corrupto del día y los asesinatos, salen las indescriptibles caras escuálidas de negros africanos. Famélico entorno familiar para los países donde nunca llega la abundancia, ni la comida, ni los Ipads.

Miro a la pantalla sin pensar que en medio del ajoro de vestirse y desayunar para iniciar la jornada diaria, me iría yo a topar con una pregunta existencialista de las que suele hacerme mi hija casi a diario.

-"Mamá, ¿Por qué no hay comida para los niños y las personas de Áfria y Haití". me preguntó, dejándome sin aire.

Inahlé. Pensé. Y luego dije: "Es que hay una cosa que se llama capitalismo desmedido, que significa que hay poquitas personas en poquitos países que tienen muuuchooo dinero y muuuchaa comida, pero hay una mayoría de las personas que no tienen ni dinero ni comida. Eso es lo que pasa".

Pensé que era la mejor forma de resumirle en su idioma más sencillo las teorías, los libros, las utopias y las dialécticas.

-"Mamá, ¿Y por qué la gente no comparte? Hay que ocmpartir. Es bien fácil mamá", me dice ella, con la inocencia que no puede ocultar la certeza sabia y recta de sus palabras.

Sentí la punzada en el centro del corazón. Sí, esa misma que te aprieta el pecho a la vez que te lo engrandece de emoción y te empuja a salir una que otra lagrimita, pero no lloré. Sonreí y la miré, sabiendo que ella está clara.

Todo es sencillo en la vida. Somos los adultos los que lo complicamos todo.