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Monday, October 26, 2015

Lección de vida a lo JLo




Regresando de sus clases de piano y violonchelo, mi hija me sale con una de las suyas y me dio una profunda lección de vida:

-“Mamá, ¿Por qué será que yo me parezco a JLo? Fíjate que somos igualitas en la piel y un poco en la cara”, me dice ella y yo empiezo a reír. “En serio, no te rías, es verdad”, me responde, molesta.

- “Bueno Mariela, tienen el color de piel bien parecido. En realidad tienen algunas cosas que se parecen las dos, por ejemplo, tienen el pelo largo, les gusta el baile y la actuación, y son puertorriqueñas”, le digo.

-“¿JLo es puertorriqueña? ¿De qué pueblo de Puerto Rico es ella Mamá?”, me pregunta.

-“Del pueblo de Nueva York, donde vive más de un millón de puertorriqueños”, le contesto.

JLo
-“Ah, bueno, eso es por allá, pero yo sé que JLo sabe hablar español bien. En verdad que yo me parezco a ella Mamá. Te lo digo en serio”, añade.

-“Ok, como tú digas, hija”, contesto, suspirando.

-“Es que Papa Dios nos hizo así Mamá, a las dos. Somos bellas y hermosas. Yo soy bien bonita como ella, y así lo hizo Papa Dios. Me lo supongo”, añadió,  y se puso a bailar la música de Jennifer López.

Y yo recordé dos cosas que leí en la revista W que dijo la diva JLo : “If you don’t love yourself, you can’t love anybody else. And I think as women, we really forget that”, y “You mirror what the world mirrors to you”.

Es cierto. “Si no te amas a ti misma, no puedes amar a nadie más, y las
mujeres, realmente olvidamos eso”, y “Tú reflejas lo que el mundo te refleja a ti”.

Mi hija me recordó hoy que una se tiene que amar a sí misma, y a la vez que ese amor se proyecta y te regresa a tu vida. Profunda lección de vida, a lo JLo... o mejor dicho, a lo Mariela.

Thursday, July 9, 2015

Ballet sin impedimentos



Mi hija en una presentación en un centro comercial.


Baila todos los días, a todas horas. Con música frente al televisor o con los audífonos puestos. O sin música, imaginando notas, y con cada una se inventa coreografías sin parar. Mi hija nació para ser artista y le gusta el baile. Lo difícil es que el baile no necesariamente se adapta a ella. O por lo menos, el baile institucionalizado.



En Puerto Rico es sumamente difícil encontrar un espacio para niños con algún impedimento físico en las escuelas de baile y de ballet. Se discrimina, y mucho. No es fácil encontrar un espacio libre de prejuicios y con los acomodos razonables para que los niños disfruten, como cualquier otro niño lo haría.



Y hoy, viendo un reportaje que me señaló una amiga en su wall de Facebook acerca de cómo el New York City Ballet ofreció unos talleres a niños con impedimentos, pensé que estaba lista para contar nuestra historia. La historia de mi hija y la mía, porque con la distancia del tiempo una aprende a contener las emociones, a tragar cuando se te asoma una lagrimita o a contar hasta diez para no lanzar improperios contra el sistema, como me pasaba hace unos años cada vez que nos topábamos con una barrera arquitectónica y de mente. ¡Y qué muchas fueron!



Comienzo como lo hacen en el reportaje: “Cuando una madre como yo tiene un hijo con algún impedimento, gran parte del tiempo que pasamos juntos se dedica a intervenciones médicas y terapias. Mi vida entera es como si fuera un programa de “Mami y yo”, y dada la condición de mi hija, sé que mi vida entera será así mismo”, dice la madre en el vídeo.

Friday, September 5, 2014

Relatos de Facebook: Casi 100

Esto ocurrió en la tarde de ayer al pasar brevemente por la casa de sus abuelos. Su abuela, sentada a un lado de la mesa del comedor, yo al otro, y de frente, el abuelo, leyendo el periódico, conversábamos. Mariela, de pie, empieza a hablar sin parar.
-“Mariela, ¿qué almorzaste hoy en la escuela?”, le pregunto.
-“Papas chorreadas”, me dice.
Miro a la abuela y empezamos a reírnos al ver el gesto de Mariela.
-“¿Y qué eso de papas chorreadas”, le pregunto.
-“Pues es una papa que son casi como papas majadas con vetejales, digo, vegetales o frutitas..”, dice
-“Vegetales, no frutas”, interrumpo.
-“Sí vetejales… Y las papas son como cuadraditas pequeñas como las que hace abuelita o así”, y va y saca de la nevera un queso blanco y empieza  comer.
-“¿Te gustaron? ¿Y qué más había?”, pregunto.
-“Si me gustaron, un poco porque como que picaba el vetejal, pero no comí el pollo que no me gustó”, dijo.

Entonces su abuela me comenta que Mariela debe comer más pollo y carnes, que quizás tiene hambre. Y yo le digo que espere a que le cuente de sus trabajos.
- “Mariela, cuéntale a tus abuelos cómo te fue en el examen de ciencias que tuviste”, le dije. “Mami, ese fue el que estuvimos estudiando aquí”, le digo a mi mamá y ella asintió.
-“Fue muy bueno. Yo saqué 71 eso es casi 100”, dice ella mientras su abuela y yo empezamos a reír.
-“¿Casi cien? ¿Qué te pasó?”, preguntó el abuelo.
-“Nada, que saqué 71 y eso es casi 100. Fue bueno y yo soy inteligente, pero a veces es difícil”, dijo.

Al poco rato nos fuimos porque tenía cinco tareas y debía estudiar para un examen de inglés que tendrá hoy, pero yo me quedé pensando en que la nota de ciencias no fue tan buena. Más tarde, cuando le revisaba las tareas le digo:
-“Mariela, me preocupa que sacaste 71 en ciencias. Tenías que estudiar un poco más”, le dijo.
-“Eso no es nada porque 71 es casi 100 mamá. Yo voy a estar bien y te voy a poner contenta. Ya verás que te tengo una sorpresita”, me dijo.

Una hora más tarde, entró a mi cuarto, me cogió de la mano, me puso una estola por la cabeza tipo árabe, aguantada por una diadema de flores y me obligó a bailar con ella por largo rato. Toda preocupación quedó en el olvido y empecé a reír.
-“Mamá, este es el baile de ponerse feliz. Recuerda que 71 es casi 100”, me dijo.