Las carcajadas, inevitablemente, eran contagiosas. De esas que cuando empiezas a reír, no puedes parar.
-"Mariela, come. Come el huevito y el pan". "Mariela, tómate todo el juguito." "¿Quieres más café?" "No te olvides de la medicina ni de las vitaminas". "Avanza, Mariela que se nos hace tarde". "Date prisa, mi amor, para que no llegues tarde". "Chica, no lo cojas con tanta lentitud que no te has puesto el uniforme ni te has peinado". "Avanza, Mariela".....Yo seguía con mi cantaleta mañanera y ella se detuvo, me miró con esos ojos achinados y empezó a reír, in crescendo. Hasta que explotó a carcajada pura.
-"Ay Mamá no seas histeriquita porque das ganas de reír. Te pones bien graciosita. Ten calma, Mamá", me dijo ella....
....No me quedó más remedio. Después de reír, me callé. Es cierto. Tengo que coger las cosas con calma.
Cuentos y narrativas de mi vida como madre, anécdotas de las aventuras de mi hija y los niños especiales que nos rodean, y cosas fascinantes de los chicos. Las niñerías nos hacen pensar en lo esencial.
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Wednesday, April 15, 2015
Saturday, October 11, 2014
El tiempo es oro
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